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Siglo XXI edad del analfabetismo ilustrado
El renacimiento de la esvástica expresión emocional, estética y filosófica se está adueñando de nuestras vidas, y el mensaje de la Europa carcelaria, según el cual, mediante el razonamiento adecuado del palo y tentetieso, la asignatura de religión y la educación para la ciudadanía se pretende llegar a la síntesis armoniosa de obtener la felicidad y virtud perfectas que vienen fomentadas por un clero egoísta que se siente muy a gusto con los tiranos, y les añora, sabedora de que sin ellos no son nada. La teoría de que el miedo guarda la viña se ha adueñado del conocimiento y la naturaleza humana y su énfasis le vemos en la plástica del europeíto de a pie que llega a casa con su pan bajo el brazo y la prensa diaria, sin enterarse ni saber nada de algo, fenómeno de esta civilización analfabeta. El Siglo XXI es la Edad del Analfabetismo Ilustrado en el cual la felicidad humana depende del dominio de los cancerberos sobre el pensamiento de Libertad y Pasión, anunciando que la humanidad necesita religión, represión y sumisión total, notablemente rápida en la dolarización del bien el mal, convertida en una doncella y un villano, como en la novela de Samuel Richardson Clarissa; The History of a Young Lady. Clarissa Harlowe, la virgen atormentada, y Robert Lovelace, el malvado violador. Figura relevante para una comprensión del Estado “atormentado atormentador” hacia el cual la sociedad se siente misteriosamente atraída. “Canta zurrón canta, si no, te daré un coscorrón”. Es el cuento que finge que un romero traía un gran zurrón, , y decía que le haría cantar por sacar mucho con la invención , y era que llevaba dentro un muchacho que cantaba en diciéndole esto. Estamos en El Castillo de Otranto. Una historia gótica, de Horace Walpole, donde emerge como fuerza dominante el “Anuncia, que Dios dará”, que ya en tiempos de los Reyes Católicos, se valieron un Obispo llamado fray Mortero, por ser antes fraile dominico, natural del Valle de Mortera, en las montañas de Burgos, Cárdenas y Cardenal, y don Chacón, que fueron gran cosa en saber y eran insaciables en sus bajeras ansias. Y con Melmoth, el errabundo, de Charles Robert Maturin nos alabamos en el rascar, como aquella viuda que tenía un hijo estudiante con sarna, y no gustaba que su madre se casase: él se rascaba mucho y se llagaba, y la madre le amenazó que se casaría si se rascaba; él se animó a no rascarse, y pusieron tres días de plazo, so pena de casarse; él sufrió los dos, y al tercero, no pudiendo sufrir la comezón , se empeñó a rascar con gana, diciendo: -Madre, casaos. Este Siglo XXI Era del Analfabetismo Ilustrado es sensacionalista, melodramático, exagera los personajes y las situaciones, se mueve en un marco clerical que facilita el terror, el crimen y el horror. Los engendros más grotescos y macabros, reflejo de un subconsciente convulso y desasosegado campean por sus fueros. La “Escuela del Cementerio” se ha instalado en nuestras vidas enseñándonos a recitar como en los tiempos de Maricastaña, el desagrado a la Razón, el Orden y el sentido natural común en una mórbida efusión de oscuros rezos. Vamos como piedras a tablado, que ya lo indicaba La Celestina (F. De Rojas. La Celestina. Acto IX), diciendo que iban bodigos a su casa espesos como piedras a tablado, pues... “otros curas sin renta, no era ofrecido el bodigo, cuando, en besando el feligrés la estola, era del primero voleo en mi casa. Espesos como piedras a tablado, entraban muchachos cargados de provisiones por mi puerta”. Thomas Parnell, Edward Young, Robert Blair y Thomas Gray,” redescubriendo la relación escatológica entre terror y éxtasis” (Lucía Solaz. Literatura gótica), levantan un tablado para ejercitarse en tirar bohordos, lanza corta arrojadiza utilizada en los juegos de cañas y fiestas de caballería, y que comúnmente servía para arrojarla contra un armazón de tablas, como se refiere en muchos romances viejos, y en aquellos de los Siete Infantes de Lara, y otros del rey don Fernando de León. Y a este uso fue dicha la comparación “Con cabeza de lobo, gana el raposo”, usando dar premio al que mata algún lobo, y puede andar a pedir cuatro o cinco leguas por los lugares de alrededor con la cabeza, y le dan algo los que tienen ganado y los ricos, además de una atracción hacia la muerte como recargada complacencia en el dolor. Este Siglo del Analfabetismo Ilustrado se deleita en lo maligno sobrenatural tratando de subvertir las normas del racionalismo, apelando a la falaz y eterna necesidad humana de elementos inhumanos y religiosos. Alternancia de terror, confusión psíquica y social, atractiva decadencia y extravagancia sobrenatural son los rasgos definitorios de nuestra sociedad que tiene su alivio en la inanición mental como meta artística. Dejarse hacer, dejarse llevar”, una clase de sofisticación psicológica y metafísica que marca el ser social. Cruz en lumbre, y cruz en puerta, y cruz en llelda, y no hay sino entra entra” como dice el cuento. (Llelda es la levadura, y da aviso que se hagan cruces). La acción social y política, a nivel local y global, se mueve en un torrente de narrativa de terror, cayendo en localizaciones cerradas cuyo decorado no es otro que una atmósfera de deliciosos terror, como respuesta a la inseguridad política y religiosa de una época actual dominada por la Inmigración. Como recurso estratégico para intensificar la atmósfera de miedo, nos han hecho creer que el extraño, el extranjero, el bárbaro no se comporta de modo humano. “El secuestro mental y social, además de la detención física expone una inteligencia y movilidad malignas y es mentalmente más poderoso que sus ocupantes humanos” (Lucía Solaz). El Monje, de Matthew Lewis, brillante novela sobre hipocresía religiosa, como su The Castle Spectre, hallaron cruz en todas las puertas y todas las cosas y como aquel letrado loco del hospital de Valladolid, tiene un cartapacio de pareceres para diferentes casos, puesto su precio y tasa a cada uno, y se pone a una reja y dice a voces: Las novelas de Dickens y de las hermanas Brontë (Cumbres Borrascosas), son una referencia clara a esta sociedad que va minando la libertad y la identidad individuales. Que son como “cuando Juan Ruiz pone paz, bueno está el mundo”, pues es muy rifador, y se halla en todas las bregas, y aporrea a menudo a su mujer e hijos. Sucedió que una vez metió paz entre dos que reñían, y, como cosa contra su condición, hicieron de ello refrán en el campo de Montiel. Y Dicen que contaba que su mujer estaba para expirar, desahuciada del médico; vino él de fuera y se acostó con ella. A la mañana, el médico la halló buena y preguntó qué le habían dado; dijo que unos caldos; él dijo:
La Sociedad alunizada y alucinada se adapta más a los demonios exteriores que a los interiores. El “salvapantallas” ,la persecución del conocimiento , el “papamovil” añaden al lenguaje y su imaginería un fantasma en forma serializada que se adapta cada día más a la capa social, que ya adivinara la reina Isabel, que dicen que dijo “Disfrazado viene el villano”, por el ajo, que no siendo amiga de él, se le echaron en un guisado disfrazado, y lo echó de ver en sabor, y color, y olor, como le sucedió al El Vampiro, de James Robinson Planche, o James Hogg en Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado, o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Stevenson, o el Retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde, donde en la confluencia de la bondad y la maldad, “expresan sentimientos constreñidos y oprimidos por las leyes y practicas sociales” (Lucía Solaz), que es la fábula que pidieron a Júpiter que los liberase de tanto afán; él respondió que cuando hicieran un río meando se les acabaría el trabajo y las penas, y, por hacerle, mean todos en lo meado de otros. El lenguaje y la imaginería del terror se ha convertido en un texto político autorizado: el miedo a uno mismo, el desorden psíquico y social, la integración de la familia, las contradicciones y conflictos laborales, la actuación Okupa, la fascinación por la corrupción en la construcción, exploran y exponen la ironía del sentimiento trágico de la vida que H.P. Lovecraft enfatizó con éxito, y que ya quedó plasmado en la matraca aquella de que “en Malagón, en cada casa un ladrón, y en la del alcalde, hijo y padre”, que, aunque le ayuda el consonante, Marbella, Estepona y tantas otras villas o ayuntamientos son semejantes a los acabados en on. LQSomos. Daniel de Culla. Junio de 2008 |