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Año V. /

Buen provecho te hagan los “santillos”

De santos fingidos se hacen oraciones y de oraciones se hacen o fingen santos. El de estos es que la Vaticana tiene uno obispos de anillo que en Rebuznos son muy facultativos y expertos llevando san salvado a cebones. La Vaticana, con hambre, tiene envidia de aquel regalo que le dejo a la mamona de tigre hispana (cabra hispanica), aquel cesar enano bautizado en las aguas del misticismo fascista; mas se consuela beatificando a pedófilos y quebrantadores de la flor de la canela, metiendo en su martirologio romano por la puerta del embuste y el engaño a san Treinta y Nueve, olvidándose del crimen de lesa Humanidad contra el Treinta y Seis sin dignarse siquiera a pedir perdón a aquellos a quienes se les negó la Asnada de la fe y el camposanto.

Buen provecho te hagan los santillos, Vaticana hatera que haces la comida de gloria a gañanes y trileros por el hato del embuste, la hipocresía y el sacro sexo. Y que reís beatificando muermos y bobos de baba recordando hoy alegres que no hubo ni habrá milagro ni remedio para aquella/esta horda roja, que bastante tuvo con la suerte de las hoyas en san Periquitín del Monte y en santa Fosa Común por la gracia de dios y el tiro por la espalda y en la nuca.

Así, así se escucha a don Eme-te-Rio, cura párroco de cien iglesias y jodedor de más de cien viudas y galanas:

-¿Os acordáis de aquella mujer viendo a su marido matar por San Miguel?

“Cabra sido mi marido, cabra sido”, decía. “Mi marido fue a la arada y no ha venido, ¿cabra sido?”

La clerecía reunida rió a carcajada sucia y obscena. Prosiguiendo:

-Sí, yo fui con los del Concejo a por el alcalde, que no estaba. Le cogimos en la arada y allí mismo le pegaron un tiro. Y cuando fuimos a casa de su mujer, sintiendo la puerta, dijo:

- ¿Quién anda ahí?

-Yo soy cabro, le contesté (todos rieron soezmente).Dios te la depare buena, mujer, pues tu marido ha desaparecido.

-Hace santo y güele a cerdo, respondió por lo bajo la temblorosa mujer. Hágale aire, y me echó, comenzando a llorar y gritar, a lo que le respondí:

-Hallado habéis la gritadera. Sábete, buena mujer, que sin crímenes no hay gloria; y me marché.

La Asnada de Gálvez, que se encontraba por los alrededores de la iglesia del pueblo comenzó a Rebuznar diciendo: Urby et Orby: Tutti Contenti.

LQSomos. Daniel de Cullá. Octubre de 2007
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