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Año V. /

Desempolvar la memoria

Desde épocas prehistóricas el ser humano ha construido una extensa cultura de veneración a los ya fallecidos. Diversos ritos y tradiciones han convivido durante siglos sobre el culto y  el homenaje a los muertos. Desde las arcaicas sepulturas a los ostentosos mausoleos existe toda una historia de la cultura funeraria. Para algunos el fin y para otros el inicio de una nueva vida en el más allá, la muerte del ser humano da paso al recuerdo. Al recibir la trágica noticia de la pérdida de un familiar o de un ser querido o admirado recurrimos a la memoria. Memoria para repasar su vida, sus virtudes y defectos, sus proyectos y sus logros… En definitiva, memoria para mantener viva la llama del recuerdo y vencer el oscuro olvido de la muerte.

Desde hace algunos años los que nos reclamamos herederos de los defensores de la libertad y la democracia venimos haciendo un importante ejercicio de memoria. Queremos recuperar nuestra historia, la de todos aquellos y aquellas que dieron su vida por los valores republicanos y que, en numerosos casos, han sido condenados al injusto olvido en profundas y oscuras fosas comunes. La izquierda debe rescatar ahora su memoria y su dignidad y la democracia debe reconocer por fin a sus más fieles defensores.

En la recuperación de esta memoria democrática, popular y republicana el Cementerio Civil de Madrid se convierte en un enclave único. Décadas y décadas de desidia institucional han condenado este lugar al más remoto olvido, pero en sus viejas sepulturas puede leerse todavía una parte imprescindible de la historia de este país. Sin nombres como Dolores Ibárruri, Pablo Iglesias, Nicolás Salmerón, Francisco Pi y Margall, Julián Grimau, Francisco Largo Caballero, Jaime Vera, Julián Besteiro o Enrique Líster sería imposible reconstruir hoy nuestra historia reciente. Estos históricos personajes abonan las tierras de un cementerio olvidado y abandonado, que bien merecería hoy convertirse en un gran memorial democrático. Sus viejos muros de ladrillo conservan y protegen todavía nuestro pasado y nuestra dignidad. Sin el ejemplo de estos defensores de la libertad, la democracia, la igualdad y la justicia nuestra historia no sería la que hoy podemos rememorar con orgullo.

Pero, en este lugar no sólo encontramos las tumbas de grandes hombre y mujeres, sino también los restos de numerosos ciudadanos anónimos, no menos heroicos y dignos de homenaje, que terminaron sus vidas fusilados contra las tapias de este cementerio defendiendo los valores democráticos. No en vano uno de los últimos condenados a muerte por el franquismo fue enterrado en este lugar después de aquel sangriento 27 de septiembre de 1975.

Otros países bien comprendieron que una gran parte de su historia está protegida por los muros de los cementerios. Numerosos países recuerdan hoy a los defensores de la libertad y la democracia en grandes panteones o mausoleos nacionales y acondicionan sus cementerios para homenajear a sus muertos y recordar su historia. Nuestro país aún tiene como asignatura pendiente la recuperación de su memoria democrática. Los logros conseguidos son notables, pero insuficientes, y todavía queda un largo camino por recorrer en la recuperación de nuestra historia.

Las sepulturas del Cementerio Civil de Madrid deben ser desempolvadas para desempolvar también nuestra historia. Debemos seguir recordando y recobrar esa memoria que nos pertenece, la memoria de nuestros padres y de nuestros abuelos, la memoria de aquellos y aquellas que heroicamente dieron su vida por las causas más justas: la libertad y la igualdad.

"Fui del campo jornalero,
obrero soy de ciudad,
por ser carne de mi pueblo
ansío su libertad."

(Inscripción en una tumba del Cementerio Civil de Madrid)

LQSomos. . Marzo de 2008
http://www.albertohidalgo.net/