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Año V. /

Huellas de la memoria

Einstein y el enigma Durruti

La muerte de Buenaventura Durruti continúa siendo un enigma histórico que nadie parece, dada la incomodidad que suscita el personaje, interesado en aclarar.

DurrutiEl 20 de noviembre de 1936 su coche se detuvo, según testimonio del chofer Julio Grave, frente al Hospital Clínico de Madrid desde donde disparaban moros y guardias civiles. Durruti se apeó para reprender a unos milicianos que huían del combate y una bala perdida le hirió gravemente. En el hospital de las milicias anarquistas se confirmó que la herida era mortal y sin operación posible. Esa es la versión más aceptada, pero hay otras. Pudo haber sido una muerte accidental causada por una bala de su propio naranjero (estos subfusiles carecían de seguro). Pudo haber sido victima de un asesinato político, pues sus afanes colectivistas y revolucionarios chocaban con los intereses políticos de otros dirigentes de la CNT-FAI envidiosos de su popularidad. Radio Sevilla, donde rebuznaba Queipo del Llano, atribuyó el “crimen” a los comunistas y el diario Izvestia a un atentado franquista. Su entierro en Barcelona fue la mayor manifestación obrera y  popular habida en el mundo desde el entierro de Lenin. En Valencia, donde tenía muchos partidarios, la Gran Vía Marqués del Turia fue rebautizada en guerra, tras su muerte, como Gran Vía de Buenaventura Durruti. Pero, aunque se mantiene su leyenda de resistente, su figura política ha caído en el olvido víctima de su imagen “violenta” como recuperador de fondos para la causa libertaria, con atracos a bancos y atentados selectivos en su haber.

La reciente edición de La columna Durruti, necrológica escrita y leída en el entierro por Carl Einstein, critico de arte (descubridor de Picasso y el arte africano), sobrino de Albert Einstein y anarquista militante, combatiente en la propia columna con más de 50 años, nos devuelve al Durruti más solidario, al hombre que renunció a un cómodo puesto en el Comité Central de Milicias Antifascistas que detentaba el poder en Catalunya tras la derrota de la sublevación militar franquista, para formar la columna que llevó su nombre, encargada de recuperar la tierras de Aragón y materializar la revolución agraria pendiente a través de las colectivizaciones y la implantación del comunismo libertario.

 Con Zaragoza a la vista, aceptó, a petición del gobierno republicano, acudir con unos 1.800 hombres, de los que perdió más de un tercio, en  defensa del Madrid cercado. Einstein descubre las claves del mensaje político de Durruti: “El fundamento de la columna es el compañerismo y la disciplina voluntaria” dice, y en otro pasaje “el soldado (profesional) obedece por miedo e inferioridad social” o, “el hecho de que exista la rebelión militar, demuestra el valor dudoso de la disciplina militar”. Posiciones antimilitaristas y colectivistas, solidaridad, exigencia de autocontrol… Valores, hoy derrotados por sus contravalores. Julio Acerete recoge los argumentos de Durruti sobre la autodisciplina: “Debemos buscar y encontrar nuevos conceptos: la solidaridad entre los hombres debe despertar la responsabilidad personal de cada individuo, a fin de que la disciplina pueda ser asumida como un acto de espontánea autodeterminación”.

LQSomos. José Antonio Vidal Castaño. Agosto de 2007
franquismeimemoria@ono.com
“El Punt del País Valencia”