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Año V. /

Paco Batiste en la memoria

El vinarocense Francisco Batiste Baila junto al callosino Lluís Estañ y el alcoyano Francisco Aura era, además de un superviviente del campo nazi de Mauthausen, una de las personas más integras que he conocido. La noticia de su muerte, acaecida el 5 de abril, me llegó con retraso y conturbó no poco mi ánimo. Estos días, con la aprobación de la “Ley de la memoria” y la visión de unas fotografías perdidas y de nuevo halladas en la maraña de mi ordenador, el recuerdo de mis encuentros con su entrañable humanidad me ha venido a la memoria. Recordaré para los lectores que Paco Batiste nació en 1919 en el seno de una familia trabajadora. Combatió en la Guerra Civil y fue herido en dos ocasiones. Tras la ocupación de Barcelona por los rebeldes se consumó la retirada a Francia sufriendo internamiento en los campos de Argelés y Agde. Con la derrota de Francia por los ejércitos del III Reich, fue deportado en 1941 a la Alta Silesia. Serrano Suñer, portavoz del gobierno de Franco, no reconoció como españoles a más de 10.000 prisioneros republicanos; contestó que eran “rojos” y por ende apátridas.

Más de 7000 de ellos fueron remitidos al matadero de Mauthausen cerca de Linz, donde las SS les distinguió con un triangulo azul y la S de spanier. Paco Batiste dejó de llamarse así para responder al número 4124 y fue destinado al komando o campo auxiliar de Ebensee, donde logró sobrevivir “con mucha suerte” -sostenía-, a una dieta de 1000 calorías diarias. Buena parte de estas espeluznantes experiencias ha sabido contarlas en su libro El sol se extinguió en Mauthausen, que recientemente ha sido reeditado.

En poco más de tres años hemos coincidido en varios actos, jornadas y mesas redondas; hemos intercambiando libros e ideas. Recuerdo nuestro primer encuentro en un curso de verano organizado por la Universitat Jaume I de Castelló en Benicàssim. Mi evocación de los escritores del exilio tuvo su contrapunto en las atrocidades nazis relatadas por Paco... Pero nuestro último encuentro fue el más hermoso y doloroso al tiempo. Fue en su luminosa Vinaroz, el 5 de mayo de 2006. A requerimiento suyo ofrecí una conferencia auspiciada por la Fundación Caja Rural, pero lo mejor fue pasar el día en su compañía. Degustamos, en la playa, un inolvidable arroz de pescado, subimos luego a la ermita, nos detuvimos más tarde en el parque de los olivos y visitamos el cementerio donde nos hicimos fotos al pie de un original y sobrio memorial dedicado a las victimas locales del genocidio nazi. El día era radiante; Paco era feliz por dos motivos: esperaba la reunión de la Amicale de Mauthausen, organización a la que perteneció desde que regresara de sus 30 años de exilio que tendría lugar por primera vez en Vinaroz, y sabía que unos días más tarde acompañaría al Presidente José Luis Rodríguez Zapatero en suvisita del 17 de mayo, fecha simbólica en la que los ejércitos alemanes habían capitulado oficialmente en Berlín, al campo de Mauthausen, principio y fin de sus pesadillas. Para mí, disfrutar aquel día de su compañía fue más que suficiente, un auténtico regalo espiritual.

LQSomos. José Antonio Vidal Castaño. Enero de 2008
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