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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Jornada panafricanista en Madrid
La noticia de este pasado fin de semana que no salió en los medios de comunicación fue la de la prohibición de una marcha de la comunidad negra en Madrid para el mismísimo día 12, fiesta nacional española. Al parecer, las instancias oficialistas dijeron que la fiesta del 12 celebra el “encuentro de dos mundos, no de tres”. O sea, los negros sobran. No interesa recordar que la trata de esclavos hacia América la inició y legalizó España en el siglo XVI, ni que tal trafico humano, que duró unos 350 años, supuso la práctica desestructuración y arrasamiento de las poblaciones y las culturas del continente africano: 15 millones de muertos y entre 25 y 35 millones de desplazados a la fuerza, a punta de látigo y fusil, camino de las plantaciones de América. Tampoco resulta de buen gusto recordar que el desarrollo capitalista europeo y americano se debe, desde los inicios del XVI, al tráfico de esclavos negros y al sistema esclavista de producción. La esclavitud fue la base de la acumulación primitiva de capital en nuestro continente. Y la envergadura sangrienta del sistema, al que cabría añadir, como prolongación natural, el sistema colonial moderno, a partir del XVIII y hasta mediados del XX, empequeñece cualquier desmán anterior o posterior, de la clase o signo político que fuere. Fue, junto al genocidio indio del Sur, el Centro y, sobre todo el Norte de América, el auténtico holocausto histórico del occidente cristiano, jamás superado en brutalidad y continuidad, ni antes, ni después en la historia de la humanidad. La reparación es una reivindicación que parece molestar enormemente a los gobiernos de los países que fueron esclavistas y se dedicaron al tráfico humano en masa. Tony Blair, por ejemplo, cuando fue primer ministro, se negó a una petición de perdón y a una declaración de reparación, ya que “lo que hoy sería un crimen contra la humanidad, entonces era legal”. Bueno, señores, los judíos fueron exterminados en la Alemania nazi con las leyes nazis en la mano, todo fue legal. Franco fusiló con sus leyes y con los hábitos jurídicos de sus jueces, siempre con sus leyes correspondientes en la mano. Ser legal no es patente de corso para el asesinato. Una mayoría parlamentaria puede decidir abrir la puerta al crimen, mediante leyes que lo propicien, pero eso no hace legal el crimen, sino que hace perder legitimidad a esa mayoría parlamentaria. Claro que tal apreciación puede ser una sutileza sin valor para Blair y otros muchos capitostes de su calaña. Con los negros no ha pasado lo mismo. Aun más, cuando se abolió la esclavitud a lo largo del siglo XIX, los estados indemnizaron a los propietarios de los esclavos, a tanto por esclavo, pues se entendió que tales personas perdían una propiedad por culpa de una ley del Estado. Desde luego, a los negros libertos no se les dio nada, ni la mas mínima indemnización, ni trabajo, ni un trozo de tierra… La esclavitud fue establecida en Jamaica por los españoles, en las plantaciones de caña de azúcar, producto que se había llevado desde la península. Pero fueron los ingleses quienes mayor número de esclavos llevaron a la isla. Entre 1660 y 1808 los británicos realizaron 3.429 viajes dedicados al comercio humano. Embarcaron en África 1.082.263 negros y desembarcaron en Jamaica 915.015. El resto, 167.248, murieron durante las travesías. Como caso específico, nos da una idea, bien que somera, de lo que aquello fue en toda América. Al día siguiente, 12 de octubre, fiesta nacional, no fuimos al desfile. Como dijo Rajoy, eso en “un coñazo”. O la apología del nacionalismo, la prepotencia y la tergiversación histórica, como dice uno de mi barrio que ha leído mucho. LQSomos. Kevin Vázquez. Octubre de 2008 |