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Año V. /

Las personas siempre primero y las torres intergalácticas cuando la Comunidad Valenciana deje de ser la más endeudada de España

Valencia tiene suficientes referentes y elementos destacados y gigantescos que la definen y la hacen singular, irrepetible. Son tan valiosos que muchos permanecen desconocidos para casi todos, incluso para los que dicen representarnos y ocupan las poltronas oficiales de la administración pública.

A mi entender lo que sí debe hacerse con urgencia, es un monumento enorme, para que todos podamos conocer las obscenas deudas que tanta fatuidad, superficialidad y banalidad han logrado crear algunos conocidos y destacados desaprensivos, agazapados en lujosos despachos institucionales.

Hablando ahora en serio, si realmente queremos hacer algo sobresaliente y maravilloso por y para Valencia, debemos trabajar para permitir una convivencia plural, solidaria, responsable y reflexiva, huyendo de aquellas obsesiones patológicas e inoportunas que han supuesto que seamos la Comunidad con mayor nivel de deuda y caos administrativo-financiero de toda España.

 No entiendo esa manía, esa perturbada e inadecuada insistencia en crear supuestos referentes gigantescos en una ciudad que tiene el mayor centro histórico de toda Europa en ruinas. Una medida estimulante para incrementar el flujo turístico seria recuperar el casco histórico, dotándolo de vecinos y favoreciendo el pequeño comercio, la artesanía...

 No entiendo ni puedo aceptar que se hable insistente e irracionalmente de construir cuatro enormes torres en una zona tan saturada y problemática, mientras el valioso patrimonio cultural y natural valenciano se degrada ante la indolencia y pasividad de las autoridades autonómicas, locales, provinciales...

 Repito: no entiendo ni puedo asumir que se pretenda invertir en actividades urbanísticas gigantescas y desproporcionadas, mientras los ciudadanos valencianos padecemos los mayores niveles de contaminación acústica, atmosférica y lumínica de toda España... Y mientras sufrimos en silencio la degradación de nuestro entorno habitual, contemplamos impertérritos la ausencia de iniciativas institucionales que procedan a paliar los efectos de tanta contaminación y caos circulatorio.

 Antes de crear pirámides (Ciudades de las Ciencias, Copas de América...) y ocultar así las deudas enormes, las insoportables deudas generadas por unos comportamientos políticos irresponsables, los ciudadanos valencianos exigimos y necesitamos que las necesidades básicas y fundamentales: asistencia sanitaria, educación, empleo, respeto por nuestro medio ambiente, recuperación de nuestra memoria histórica y cultural... se asuman como objetivos prioritarios de aquellos que dicen ser nuestros gestores. Y para finalizar  la presente reflexión, debo insistir que no nos hacen falta torres ni debemos emular nunca a los faraones si realmente queremos evitar que alguna vez la deuda financiera se contenga. El presente, el día a día no precisa de torres o de nuevas atrocidades urbanísticas para poder existir con cierta calidad y serena pasión.

Y si me permiten, debo recordar a nuestros gestores y representantes públicos que los valencianos tenemos muchos inimitables y envidiados referentes históricos y naturales, pero no sabemos ni queremos apreciarlos y amarlos: La Lonja, los poblados marítimos del Cabañal, las alquerías de Benicalap, el Mercado Central, la huerta...

LQSomos. Antonio Marín Segovia. Febrero de 2008
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