Brasil, el paradójico país

Brasil es un país extremadamente paradójico . Dice ser de izquierdas en las políticas sociales y de derechas en las políticas económicas.

Los que comandan el país, sean estas las cartas que juegan (¿marcadas?), ideológicamente y salvo en raras excepciones, no consiguen desenredarse del chollo del cambio-cambio, eso por causa de las incontables corrupciones.

Las opciones, independientemente del color filosófico-político defenderán ardorosamente la cuestión social, cobrarán moralidad, dificultaran las aprobaciones sobre medidas oficiales y mantendrán el tirador armado en dirección de los gobernantes.

La propia paradoja constitucional federal, dicha como ciudadana, es una carta magna paradójica. Cuando abriga una benevolencia social propias de modelos ya enterrados, al mismo tiempo en que asegura la ejecución de una política económica ortodoxa, neoliberal, de mercado desamarrado de la burocracia estatal, permitiendo al cúmulo de riquezas en manos de pocos, en detrimento de una expresiva masa de desasistidos excluidos de los banquetes de exquisitos y refinados manjares.

Con un grueso PIB (Producto Interior Bruto) de R$ 1,2 trillones, siendo la 12ª economía mundial, con renta per capita anual de R$ 6.000,00, podría ser un país con renta considerablemente razonable si realmente las personas recibieran ese valor.

Ocurre que ya con aproximadamente más de 200 millones de habitantes, hay 50 millones de brasileños sin o casi sin ninguna renta; hay 50 millones con renta para la mera sobre vivencia; hay 50 millones con alguna renta que da para vivir, pobres, pero por lo menos viviendo y comiendo; 45 millones representan el mercado consumidor que sustenta la economía y da suporte al modelo, el cual nadie quiere tocar; por fin, ahí está el reto, alrededor de 5 millones que son los amos del PIB, del capital, del mayor volumen de riquezas.

Con tantas desigualdades y en medio de las paradojas, mismo así, se esperaba que la nueva estrella (la del partido de Lula) que iluminó las elecciones del 2002, comenzara aclarar mas las cosas y diese el primer impulso para darle la vuelta a ese negro panorama.

¡Pero qué decepción! ¡Ha sido desastroso, calamitoso!

Para no desmentir la paradoja, la antigua oposición guardó el tirador y se puso en la cristalera de manera descarada llevando a los antiguos gobernadores ante esa cristalera, armaron los tiradores y enviaron piedras bien en el centro de la estrella, antes carismática, hoy deshecha y en pedazos y con la paradoja de que entró en tremendas crisis de identidad.

Resultado. El poder nacional está viviendo la negra en que se encuentra la situación. Entretanto acertaron en el “blanco”, (Lula) su conductor. Y como él acostumbra a manifestar ante los medios de comunicación, no vio nada, no ha sabido de nada, no lo sabe, no lo recuerda…

Además, hay seguidores del partido, los llamados “petistas” que ya no recuerdan ni donde se encuentra la sede nacional del PT (Partido de los Trabajadores).

Por lo tanto, ¡valla paradoja la de éste Brasil!

¿Salvar el voto…? ¿Para qué?

“Sumus vates Pieridium, non tua turba”. (Somos lo poetas de las Musas, no sus secuelas)

(Ovidio, poeta latino)

Estamos viendo, precisamente es estos periodos electorales, un gran movimiento por la salvación del voto.

Eso mismo, salvación y no valorización del voto. Pues sabemos sobradamente que el voto hace pero que mucho tiempo pasó a ser moneda de cambio entre candidatos y electores; entre representantes del legislativo y ejecutivo; igualmente hasta en las grandes decisiones de la alta y baja cámara de nuestro triste y querido Brasil.

Salvar el voto. Ese es el mote que innumeras ONG's, emisoras de radios y TV; periódicos y revistas; Internet; pequeños partidos y personas de buena voluntad están procurando difundir entre los electores objetivando en dar una conciencia mayor a todos en el sentido de retomar la credibilidad perdida sobre acto de votar.

Por supuesto, muchísimas gentes están diciendo que no votaran más. El no comparecer, pagar la multa, el voto nulo, votar el blanco y por ahí va la cosa. Pero después en los cómputos no aparecen esas indicaciones. (¿?).

Entretanto las reglas del juego están ahí, para que todos las sigan. Hay razones para eso, pero con las desastrosas conductas de los responsables y mismo los numerosos candidatos que llegan a presentarse en éste Brasil para ser elegidos, por lo que el ideal es ignorar las elecciones. Algunos sectores del pueblo, que cuando quiere es sabio, tiene toda la razón.

Si pensamos que con anterioridad al golpe militar de 1964, habían personas de ciertas comunidades más íntegras, éstas se candidataban a un cargo con el único objetivo de servir a la municipalidad o al país. No ganaban para eso (principalmente como concejales de ayuntamientos) y daban parte de su tiempo para atender y resolver problemas de su ciudad. Hoy, lo sabemos de sobra, los cargos se han tornado empleos pero que muy bien remunerados y aún son usados para los favoritismos personales, familiares y hasta ligados a la corrupción.

¿Salvar el voto?

No dudamos que esa campaña estará durando permanentemente, cada vez que haya elecciones, o hasta que el pueblo consiga dar moralidad al acto de votar (¿?) y con eso podamos verdaderamente ofrecerle al País, a la Nación y a la Democracia, razones suficientes para que la Patria sea respetada.

Es menester informarse sobre los candidatos, investigar sus honestidades y honradez. Mírenle a los ojos. Exijan. Recuerden, sus candidatos conducirán los destino de su ciudad, estado, país, por consiguiente estará influyendo en su barrio, en el agua que bebas, en el empleo, en el descanso, en la educación de los hijos, en la salud de la familia, en los sucesos y fracasos, en las prosperidades o en las miserias.

Pero, ¿dónde coño encontraremos candidatos honrados en este país…? Y por lo que sabemos, en el resto del mundo tampoco se encuentran. Todo consiste en el sistema arcaico y corrupto que existe hace muchos milenios, y ese no cambia, ni cambiará por medios de unos salvadores votos, eso ellos se los pasan por los “buitres”, ¿o no?

LQS – Zerimar Ilosit – Septiembre de 2006. Brasil

 

 

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