La Calle
Los especiales de LQSomos
Campaña: Apoyo a los juicios contra los genocidas en Argentina
La Gavilla Verde
Creative Commons License
Envía esta página
Escribe el e-mail:

MP3
Año V. /

¿Quién da más?

Esas imágenes de la tele, cómo me recuerdan aquellas otras de los años cincuenta y sesenta del, para tantos, nutritivo franquismo. Con un dictador aún saludable y trufado entre sonrisas de los Solís de entonces, los Girón, los Kubala y los di Estéfano; las Lolas de España y toda su cohorte de folclóricas; todos los brillores de los collares de la Señora del Pardo, la Guardia Mora a la puerta, y todo dispuesto para recibir al dictador del vecino país, o las credenciales de los embajadores de lejanos países; las fiestas en los jardines de La Granja y en los del Alcázar de Segovia cada 18 de julio.

Me perdonareis la digresión pero, esas imágenes de famosos en televisión, apoyando a ZP en su campaña electoral, no pueden por menos que remitirme a un pasado que, obstinadamente, se empeña en volver.
 Paralelismos aparte, ver esos bien agradecidos rostros sonrientes en el vídeo de apoyo a Rodríguez Zapatero en la pequeña pantalla me produce un no sé qué difícil de explicar. Porque, vamos a ver: ¿no eran algunos de esos saludables rostros los que, en las manis contra la OTAN, en los años previos al “glorioso” Referéndum del 86, en sus recitales, arrancaban los multitudinarios: ¡OTAN, NO, BASES FUERA! ¡PRESUPUESTOS MILITARES, PARA SIDRA Y CALAMARES! (bueno, esto último me lo he inventado yo, que dijo Pablo Guerrero)

Nunca olvidaré aquella gloriosa manifestación, desde Moncloa hasta Colón, en la que, frente a la  actual sede del PP, alguien, desde un abarrotado balcón, aplaudía con evidentes muestras de simpatía hacia los cientos de miles de personas que mostrábamos nuestro rechazo a la incorporación de España al Pacto Atlántico.- Son Ana Belén y Víctor Manuel - decía la gente.
Luego ellos seguirían su meteórica carrera de éxitos y los 8 millones de perdedores de aquel referéndum regresarían a la cotidianeidad de sus trabajos (el que lo tuviera), a la mísera realidad de los barrios periféricos, con la Dama Blanca haciendo auténticos estragos entre los jóvenes que, no hacía tanto, aún desde la misma clandestinidad, exigían la legalización del Partido Comunista con pintadas y acciones en las calles; a la realidad de los pisos de 20 metros cuadrados, sin otra calefacción en invierno que fajarse a hostias porque, o él venía mamado de la calle, o era ella la que estaba hasta las tetas de fregar escaleras y pisos para que al hijo no le faltasen los libros de texto y la comida más elemental; a aquellos barrios de San Blas, con charcos de vidrio en las calles apenas iluminadas por los faros de algún coche policial, tan iguales, tan brutalmente marginados como lo estuvieran con Paco; a la insoslayable realidad del paro y las promesas electorales, que no los sacaría de allí si no con los pie para adelante, camino de la cama de un hospital donde acabarían sus penas; a la amarga realidad de la lotería, las quinielas y todos esos Lourdes que se ha inventado el sistema; a las “felices” tardes de domingo delante del televisor, con cerveza, fútbol y panchitos...pa que no farte de na; a las benditas felicitaciones del Monarca por Navidades en la tele; a los Carnavales, la Semana Santa, la semanita en la playa, o donde sea, en verano; a los amables paseos de domingo por el Rastro o por la Alameda, que aquí no pasa nada.

Luego, a los triunfadores, aún tendríamos ocasión de verles en auditorios,
 en entrevistas de la tele, en giras dentro y fuera del país, vitoreados, aclamados, adorados por un público que se conforma con que le canten algo antes de volver a la pesadilla del paro o del trabajo embrutecedor.
Quizás en el fondo de la cuestión es que, a los actores de esta mala película en la que convertimos la historia reciente, les exigimos demasiado: que permaneciesen abajo con el pueblo, fieles, como lo hicieron en su día aquellos poetas de hace setenta años, y de hecho, aún se me vienen a la memoria un manojo de nombres que, pese a los “numerosos cambios”, aún supieron mantenerse leales a aquellos que tantas y tantas veces hemos visto pasar delante de nuestras puertas las promesas del auténtico cambio que transformaría nuestras vidas; que del triste papel de extras de una de aquellas pelis que Samuel Broston vino a rodar a España nos fuera asignado el que siempre iba a parar a manos de Charlton Heston, o de Cary Grant, de la Loren, de Alec Guinnes o de Sinatra. 

Pero, con la llegada de esta nueva camada de políticos al Poder, ha quedado más que claro que ya los papeles estaban más que repartidos, antes incluso de que muriese el Enano. Pues aunque fueron muchos los llamados a votar en los numerosos comicios tras el deceso de aquel, era más que evidente que, aquello que Él dejó bien amarrado, no lo iba a desatar nadie. Que a nadie se le ocurriese la peregrina idea de que, con la llegada de ellos al poder, era el pueblo el que tomaba los mandos de la nave. Eso es cosa de cuatro poetas locos y del Barbas aquel. Esto es algo mucho más serio que aquella verbena del treintaiuno y del treintaiseis. Aquí el personal se ha profesionalizado y no vamos a permitir que ningún aficionado nos joda el invento para que nos manden de nuevo al paro por otros 40 años. Qué bastante trabajo nos costó convencer a la Banca y a la Iglesia de que no íbamos a tropezar sus beneficios, qué no íbamos a cometer el mismo error de Azaña en el treintaidos, cerrando la Academia de Zaragoza y mandando a su casa a aquellos generales tan valiosos para la estabilidad del sistema y todo eso, que parece, coño, que no quieren entender que todo esto no lo hacemos mas que por su bien, que en este negocio de la política no cabe más poesía que la que se escribe en el Sagrado Templo de la Plaza de Canovas del Castillo(sede de la Bolsa española).
 
Porqué será que, en medio del ingente cutrerío que con que nos castigan en la tele, hace décadas que no dan la “peli” de Fernán Gómez: Mambrú se fue a la guerra.
                                                                       
¡¡VIVA LA REPÚBLICA!!

LQSomos. Ángel Escarpa Sanz. Febrero de 2008
Más artículos del autor