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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Si he de ser sincero… Porque mucho me temo que ellos seguirán asesinando, incluso en República
Leo periódicamente estas líneas, en las que tanta gente con deseos de transformar este mundo de depredadores que hemos heredado colabora, y tras los últimos asesinatos de ETA espero inútilmente que alguien se posicione al respecto con un artículo inteligente que me oriente con respecto a esas salvajadas. Porque ya no se puede recurrir siquiera al término ejecución, como en el pasado: cuando liquidaron al torturador Melitón Manzanas, o cuando elevaron a la gloria de Dios Padre al Almirante; ahora es preciso hablar de asesinatos. Y no se me diga que aquel era un tipo del PP o que el otro era del PSOE, porque, para mí, tan execrable es una muerte como otra. Porque ¿con que autoridad moral podemos exigir a los franquistas que condenen su tenebroso pasado si nosotros aprobamos con nuestro silencio cómplice los crímenes de esta banda de asesinos? Quizás yo no sea más que un pobre iluso que creyó siempre en los viejos principios de 1789 : IGUALDAD, FRATERNIDAD Y LEGALIDAD; quizás en estos años me quedé en un mal lector, en un pobre admirador de D. Antonio Machado y de León Felipe, aquel poeta zamorano que un día ya lejano en el tiempo declaró: Yo no sé muchas cosas, es verdad. Con la muerte del Dictador y el regreso de las libertades también regresaron las canciones: las del pueblo trabajador que sufría en el vientre de la tierra, las de trilla, las de la resistencia en el monte y en las ciudades en la larga noche cercada por el miedo y el silencio. Así hasta que fueron borrándose de las ciudades las huellas de la represión, las heridas de la lejana guerra en las piedras, los orificios de las balas en los paredones de fusilamiento de los dos bandos. Tras aquellos días de ilusión de los años 70-80, (también de lutos y de carreras callejeras) el personal, desencantado, regresó de nuevo a la realidad de las hipotecas, de los contratos basura, a la realidad del trabajo embrutecedor y alienante, del bostezo ante la realidad política impuesta por esa inmensa mayoría cuyos sueños no trascienden las cuatro paredes de cualquier centro comercial, al rigor y la esterilidad de los días oscuros, de nuevo la realidad de las drogas instaladas en la vida de aquella juventud que ya no devoraba los libros de Marta Hernecker, el Presidente Mao o los laboriosos análisis de Ernest Mándel; precipitados todos en un mundo de frustración al comprobar que la Historia ya no la hacía el pueblo, sino los tecnócratas, los políticos de nuevo cuño que vendían nuestros sueños al Moloch de Wall Street y su brazo armado, la OTAN. Atrás iban quedando ya las reuniones de la Célula, la inocencia heredada de los combates en la sierra, bajo las banderas de la utopía, antes de entregar las armas al enemigo tras tan prolongada batalla. Si hay algo verdaderamente triste en toda esta historia es comprobar que, cualquiera de los que ayer salíamos a la calle para reivindicar las libertades, entre otras que la bandera de los <<gudaris>> de José Antonio Aguirre flamearan con entera libertad sobre las viejas piedras de Euskadi, cualquiera, puede estar en estos momentos en el punto de mira de las pistolas de esa banda de asesinos a lo que se ha visto reducida la organización de <<Pértur>> e Izco de la Iglesia. Entiendo aquello de la cultura, de la lengua... pero jamás entenderé que todo eso pueda ser utilizado para armar las pistolas que asesinan a otro trabajador, sea éste de la nacionalidad que sea, sea de la ideología que sea. Que 180.000 moscas se apiñen alrededor de una mierda no es razón para que los ciudadanos libres y consecuentes de este país decidan cambiar de dieta. Es verdaderamente cruel comprobar, cómo los versos de un poeta como Miguel Hernández pueden volverse como dedos acusadores contra los mismos hijos de la Euskadi para la que él cantara hace setenta años: Cómo las palabras del poeta Blas de Otero, nacido en Bilbao, llegan hoy hasta nuestros oídos para advertirnos: Me llamarán, nos llamarán a todos; Cómo las palabras de Unamuno, en 1936, cobran actualidad en estos días de miseria política y de barbarie, cuando fueron dirigidas en la Universidad de Salamanca al General Millán Astray y a todos aquellos que, para “salvar” España, en aquellas tan tristes horas para la Republica, hacían correr, generosa, la sangre de los pobres por campos y ciudades, y que terminaban en un lacónico: Solo les pido que piensen en España. Nos encontramos en la encrucijada de ver, por un lado, a un PSOE que capitaliza en las urnas todas aquellas luchas del pasado, en las que, para más INRI, estuvo ausente; por otro lado, un poderoso PP que no ha renunciado, ni renunciará, a su pasado franquista. La izquierda real no acaba de encontrar “su lugar en el mundo” dejando sin espacio político a varios millones de ciudadanos que, a estas alturas, o bien no vota, o bien, y aunque sea con la nariz tapada, vota PSOE por aquello de pararles las patas a Rajoy y sus chicos. Exigir a los líderes de la izquierda real el acercamiento y propiciar la unidad de la genuina izquierda bajo el paraguas de un proyecto realmente de izquierdas y republicano que entusiasme y comprometa de nuevo a todos, ese debe ser el reto. Y ahí si que vamos a estar como una piña, por el internacionalismo proletario, por la unidad de la clase trabajadora, por el socialismo, por un mundo sin rejas, muros ni fronteras. ¡¡Viva la República!! LQSomos. Ángel Escarpa. Octubre de 2008 |