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Año V. /

Valencia amable

Valencia no es una ciudad… ni un Plan Especial Verde… Valencia es un cuerpo habitable, con vida y voz propio.

El Plan Especial Verde, constituye el primer análisis científico y multidisciplinar, realizado para diagnostica y rediseñar un” espacio complejo”, un conjunto de espacios, o lo que es lo mismo, una “ciudad” del siglo XXI,que siempre es algo más que una serie de edificios, jardines, fábricas, huertas, plazas, centros comerciales, eventos…

A pesar de los 10 años transcurridos, el texto tiene aspectos singulares y puede servir como base inicial, para entender que un núcleo urbano es algo más que una serie de monumentos, eventos, avenidas, calles, plazas… Todo plan, todo estudio puede ser objeto de actualización, de adaptación, pues las numerosas agresiones e intervenciones padecidas durante los últimos años en la dura y vieja piel de Valencia, merecen un nuevo análisis, un nuevo estudio multidisciplinar, donde intervengan todo tipo de expertos universitarios, entidades cívicas, personas sensibles… que aspiren a que la ciudad pueda ser un cuerpo habitable y que tenga vida y voz propia.

El presente artículo únicamente aspira a reconocer la existencia del Plan Verde, iniciando un debate abierto, para que todos los expertos, políticos y movimientos cívicos, valoren la necesidad y conveniencia de conocer las carencias y necesidades que tenemos los que hacemos y creamos ciudad. Pues, es evidente, que todas las personas, todos los habitantes de Valencia, somos parte vital del paisaje urbano; somos elementos determinantes de la vitalidad y pujanza de cualquier entramado y espacio público.

Creo que sin un análisis detallado de las carencias que tiene hoy Valencia, es imposible efectuar un diagnóstico y consensuar medidas regeneradoras, que permitan lograr una Valencia amable y abierta en un futuro inmediato. La participación y el compromiso ciudadano son la única garantía real para que las ciudades puedan recuperar y ofrecer nuevos atractivos a sus habitantes, a sus moradores. Un espacio como Valencia, debe ser una zona destinada al desarrollo personal y diverso, donde nadie pueda ni deba sentirse excluido.

En homenaje y recuerdo a mi maestro, Pedro J. Salvador Palomo

XARXA URBANA

El Plan Especial Verde para la ciudad de Valencia es un proyecto piloto que fue redactado, bajo la dirección de Pedro José Salvador Palomo , a lo largo de cinco años (1992-1997), con sendos apoyos: de la Unión Europea, por medio de su Programa Life y de la UNESCO, a través de su programa MaB.

Valencia se puede sentir orgullosa, pues fue la primera ciudad española que propone hace ya diez años, una reflexión propia, un análisis detallado, donde se reflejaban las carencias y dificultades ambientales, ecológicas y paisajísticas, para así poder realizar y lograr un diagnóstico y una propuesta integrada e integral de intervención.

“El color verde, además del señuelo de la esperanza, es un símbolo para los habitantes de la ciudad”.

“El Plan Verde trata de aportar vida a esta ciudad, la belleza como aspiración colectiva, devolver la dignidad a las aguas de unas acequias milenarias de la Huerta, y también ofrecer un paisaje de mayor cualidad”

Las anteriores frases, sirven de salutación al lector que abre el documento, al texto dirigido por Pedro José Salvador Palomo. Las anteriores citas son toda una declaración filosófica de principios, rebosantes de optimismo y deseos de crear una ciudad con un aspecto acogedor, amable, alegre…

Es una verdad innegable que, a raíz de las reflexiones sobre el singular paisaje y estructura de la huerta, impulsado por la Asociación José Antonio Cavanilles, de la que era co-fundador el ingeniero agrónomo, Pedro J. Salvador Palomo, junto con el arquitecto y estudioso de las alquerías, Miguel del Rey Aynat, reaparece y surge un interés constante por nuestros valores paisajísticos, por nuestra peculiar arquitectura rural. Es el año 1994, cuando se celebra el famoso “Seminario Internacional sobre la huerta de Valencia”, con el patrocinio de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, Colegio de Ingenieros Agrónomos, Comité Español MaB – UNESCO, Universidad Politécnica de Valencia y la ayuda especial del Ayuntamiento de Valencia.

Todas esos estudios, seminarios y análisis… a favor de la conservación de la huerta y la recuperación del patrimonio histórico-artístico y ambiental, regeneración y conservación de los centros históricos y poblados tradicionales, sirven de apoyo y de impulso a los jóvenes colectivos “Salvem”, entidades que empiezan a despuntar, con pujanza y combatividad en el muy desolador panorama cívico valenciano, dada la inoperancia y pasividad de las asociaciones de vecinos, muy activas durante el Franquismo y la primera fase de la Transición, pero sumidas en una profunda crisis, en una parálisis crónica durante los años 90 y siguientes.

Quiero trasladar ciertos fragmentos que sirven de introducción, para que el lector pueda tener una idea aproximada de los objetivos a los que aspiraba el citado análisis, el Plan Verde de 1997:

“La denominación Plan Verde es una simplificación, un modo de sintetizar una idea. Desde luego, un Plan Verde estudia y ordena el sistema de espacios verdes de una ciudad, pero aún siendo importante esta línea u objetivos de trabajo, no es la única ni la más importante ideas; se concentra una noción de técnica blanda, de planificación separada, no urbanística, de los valores y recursos naturales, ecológicos, ambientales y paisajísticos de la ciudad.

La planificación verde no se propone urbanizar, sino compensar el urbanismo convencional en las ciudades, y también despertar la conciencia colectiva de los límites que el medio ambiente impone al hombre, la exigencia de eficiencia en su gestión, y la exigencia de bienestar para el habitante de las ciudades .

La ciudad es un invento de la mente humana para albergar conjuntos de personas, una estructura vital y rica de sugerencias (la ciudad de los recursos), y quizá lo más característico sea vocación de estabilidad y de funcionamiento a largo plazo. Una ciudad está hecha para cientos de años, y por tanto, debe incorporar consigo misma aportaciones de autocrítica o de regeneración, el único camino para evitar la fácil caída de la pendiente de la degeneración .

La Comunidad Europea afirma en el Libro Verde sobre el Medio Ambiente Urbano (1990) “ la madurez política de una sociedad se mide por su capacidad de pensar a largo plazo . La propia Unidad Europea es un buen ejemplo de ello”. También y precisamente por esa larga trayectoria en el tiempo, en las ciudades se requiere capacidad de respuesta ante los cambios de todo tipo, una cierta interactividad con la que está reñido el modelo rígido. La planificación (y así lo propone un Plan Verde) es una fórmula elástica, proporcional a los desfases, carencias o excesos.

Los cambios sociales, las diferencias en el modelo familiar, la presencia del coche en las ciudades, son también factores de variación del comportamiento y de las necesidades o problemas en una ciudad. No solo los problemas ambientales o ecológicos afectan al ciudadano. Aquellos y otros más debidos al medio de la ciudad pueden generar problemas de salud de cierta magnitud.

Con este panorama, las acciones regeneradoras o correctoras no son de pequeña importancia. Los espacios verdes se convierten en el medio urbano en un factor conceptualmente de estructura para la ciudad y sus habitantes. Los espacios verdes no cuentan en el medio urbanizado por su papel decorativista, ornamental. No se trata de sentimientos hedonistas, sino de condiciones como estructura, y además organizado en un sistema, esto es, conectada consigo misma.

Igualmente, en la ciudad no tiene interés conceptualmente el espacio verde como un gueto. No se trata de oponer a la ciudad construida un seudo-paraíso desconectado . Interesa mucho más que los distintos tipos de suelo conecten y estén dentro del ámbito urbanizado que es un pequeño reducto ajeno a la realidad. Ya se ha dicho que en la planificación verde hay un interés claro por los espacios periurbanos. La ciudad debe reconocer su término al completo (lo urbanizado y lo no urbanizado) Ya hace mucho tiempo que se arrumbó la vieja polémica de sí el suelo urbanizable es ciudad, y la actualidad nos evidencia que la mayor parte de la urbe es el suelo no urbanizable. En muchas ciudades, y desde luego en Valencia hay suelo no urbanizable.

La Planificación verde trata de oficializar la naturaleza en la ciudad (donde siempre se ha visto con recelo y en la clandestinidad). No se trata de naturaleza contra “ciudad”, sino de reconocer en el medio urbano (ya bastante artificial y duro) la presencia de los valores y procesos naturales (las especies, la fauna, el ciclo de las estaciones…).

La visión ecológica aporta un enfoque ecosistémico, lo que implica una concepción global y no de suma de las partes . Es de mucha riqueza en una ciudad encontrar mecanismos de resistencia (resistencia frente al cambio) o respuestas muy congruentes con reducción de contaminación, valoración del medio físico ylos procesos vitales.

Una faceta más de este propósito planificador, compensador-equilibrador es el de distanciarse del desarrollismo de los años sesenta , siguiendo un fuerte movimiento de ecología del paisaje que se mueve en Holanda, Gran Bretaña y otros países sajones. No existen recetas para la ciudad: el fundamento de la planificación verde es un ambientalismo activo, y la filosofía de base del desarrollo sostenible. En este concepto prima el sentido de utilidad pública sobre los sentimientos o intereses privados , desde luego, el medio ambiente o el paisaje pueden ser objeto de utilidad o interés público. El desarrollo sostenible se asienta sobre una noción de equilibrio entre economía y ecología, de tal modo que pueda mantenerse la actividad económica del hombre, pero sin destruir recursos valiosos (no renovables).

Uno de los claros principios de la sostenibilidad urbana es que el medio ambiente impone límites absolutos a ciertas actividades humanas, y entre ellas, a la urbanización. La ciudad no es un simple objeto de mercado . En la ciudad nio debe superarse el límite de la capacidad de carga (consumo de materiales no renovables o de materiales renovables a menos nivel que su misma renovación, niveles de contaminación cercanos a la capacidad de aire o suelo).

Así pues, el proceso se inicia con una reflexión propia en cada ciudad, pues no hay visiones absolutas, y cada ciudad debe analizar sus necesidades y problemas como no lo ha hecho el urbanismos oficial. El propósito es integrado, no sectorial Todas las partes de la ciudad interactúan, sin exclusividad ni exclusiones. Así cobrarán nueva potencia y un gran interés los recursos estéticos, culturales, étnicos, incluso los recursos inmateriales (lengua, tradición, cultura, costumbres…).

En una visión de futuro se integran la ciudad, la naturaleza y el paisaje, como fue en su momento el proyecto de Ecoville en Toronto (Canadá), o como fue, muchos siglos antes, el sueño de Bonfadio, la “terza ntura” bautizada por él en los albores del Renacimiento, junto al Lago de Garda.

El paisaje es un símbolo de la naturaleza, libre y gratuita, donde se reconoce el “espíritu del lugar”. Junto a la ventaja o la función ambiental en la ciudad (calidad ambiental), el paisaje aporta la “utilidad” de la belleza y la armonía. El habitante de la ciudad ha de considerar derecho suyo también el buen gusto, la coherencia de la imagen estética . El paisaje se crea como resultado de actividades de gama alga, de exigencia cualitativa. Una tarea productiva (rural, industrial, de servicios…), sostiene y alimenta al paisaje, y este se convierte en el gran marco que fomenta la actividad mercantil. La sociedad demanda paisajes sugerentes, diversos y equipados para el tiempo libre, el turismo, la vida diaria . El contenido al que nos referimos en la planificación verde es una ética de progreso, que propone una plasmación en clave de bienestar, calidad, integridad, dignidad de los sistemas naturales, etc . Este ambientalismo cívico se mueve ya como planificación verde desde los finales de la Segunda Guerra Mundial, con una multitud de variantes, de acuerdo con las coordenadas y conflictividad diagnosticada en cada municipio.

Es evidente que las ciudades son lugares vivos, dinámicos, complejos y concretos, donde se desarrolla la vida de las personas. La ciudad es el espacio donde nacemos, residimos, nos encontramos, trabajamos, enfermamos, morimos… En los espacios urbanos hay toda una cambiante y compleja red de intereses y acciones sociales, políticas, económicas, afectivas, simbólicas…

La ciudad actual es un espacio privilegiado, extraordinario y único para la convivencia de los ciudadanos, así como constituye un lugar concreto para estimular y desarrollar la participación social directa, efectiva y afectiva. Por todo ello, la planificación urbana debe propiciar la implicación sistemática y permanente de la población. Es básico solicitar, reclamar a los ciudadanos sus ideas, sus iniciativas, quejas, demandas… e incorporarlas al proceso de redacción de un nuevo Plan Verde , en aras a lograr el mayor consenso posible, pues así se permite subsanar y corregir los conflictos emergentes y hacer que el ciudadano tenga la visión y la sensación de que la ciudad es parte de su propio cuerpo, de su propia existencia. Todos nosotros, en una medida o en otra, conformamos y definimos el paisaje y la estructura vital de una ciudad.

A las instituciones públicas les corresponde generar los mecanismos e instrumentos necesarios para que los ciudadanos podamos participar y desarrollarnos con dignidad y plenitud diariamente.

Sin un Plan Verde, actualizado y adaptado a las necesidades esenciales del ser humano, confeccionado e impregnado con una filosofía y una óptica absolutamente alejada del mercantilismo, Valencia es una ciudad que puede convertirse pronto en un infierno, en un cuerpo moribundo, pues los “eventos” (tipo Copa de América) no logran solucionar y resolver los conflictos y carencias diversas que emergen constante y furiosamente en todas las numerosas Valencias que constituyen la poliédrica y nada unidimensional Valencia.

 LQSomos. Antonio Marín Segovia. Mayo de 2007
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